ÓBOLO DE SAN PEDRO

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ALGUNAS NOTAS HISTÓRICAS

En el recorrido de la Iglesia

El Óbolo como donación al Sucesor de Pedro tomó forma estable en el s. VII con la conversión de los anglosajones y en relación con la fiesta del Apóstol San Pedro, a quien Jesús confió su Iglesia. En los siglos sucesivos creció con la adhesión al cristianismo de otros pueblos europeos, siempre como una muestra de agradecimiento y devoción al Papa, como expresión de la unidad de la Iglesia y de corresponsabilidad eclesial. 

Así, el término “Óbolo de San Pedro” fue usado desde el Medievo para identificar el censo, es decir, la contribución anual pagada a la Santa Sede por los Estados o las Señorías locales que se habían colocado bajo la soberanía del Papa. Con la Reforma protestante y el fin del régimen feudal, cesaron estas relaciones entre las monarquías europeas y el Papa. En la época moderna, poco antes del final del Estado Pontificio (1870) y de la pérdida de las rentas de las posesiones territoriales, surgió en toda Europa y en ultramar una sorprendente iniciativa dirigida a ofrecer al Papa una ayuda material. Esta afectuosa reacción de los católicos fue de gran consuelo para el Pontífice. También en aquel periodo de crisis, el Santo Padre cuidó de los que más sufrían (recordemos, por ejemplo, el desastroso terremoto de Croacia de 1881), destinándoles una parte del Óbolo. En efecto, el Papa no podía dejar de compartir la ayuda recibida con cuantos se encontraban en situación de grave necesidad, manifestando así la premura de un padre que se ocupa de todos sus hijos: recibe para dar, y para dar a quienes en ese momento más lo necesitan.

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